Sergio González, la valentía del Real Valladolid

Sergio González, el hombre milagro que cogió al equipo 11° en Segunda y hoy es 13° en Primera División.

Viendo ayer el debut de Luis César Sampedro en el banquillo del Deportivo de la Coruña sufrí una especie de Deja Vú a la vez que me recorrió un escalofrío y una pregunta. ¿Dónde podría estar el Real Valladolid de no haber llegado Sergio al banquillo? De no haberse dado ese encuentro que pareció sacado de una película. Y pese a eso no paran de leerse críticas al técnico, en las que incluso a veces un servidor tiene el defecto de caer.

Una de las peores noticias que creo que hemos vivido en este arranque de temporada creo que ha sido no poner en valor los méritos del equipo. Es decir, no ser realmente conscientes de donde estábamos hace apenas un par de años, quienes somos y lo que vamos a tener que luchar por crecer. 

Creo que la llegada de Ronaldo, la euforia de la permanencia del año pasado y demás grandísimas noticias que han aparecido recientemente en el día a día del club nos han nublado demasiado la vista. Como también es cierto que se han cometido errores en la planificación de la plantilla (planificación de los centrales, la situación de los cedidos del Real Madrid, la falta de un relevo natural de Míchel) como se suele decir, con estos bueyes hay que arar. Y ante todo tener los pies en el suelo confiando en aquellos que nos han traído hasta aquí. Y en esas hemos llegado a la jornada 8 con 10 puntos. 

Evidentemente el Real Valladolid podría haber sido mucho más ambicioso en este inicio de temporada y podría haber rascado algo más. Todos alguna vez hemos echado en cara que en los momentos en los que el equipo se adelantaba y sobre todo en casa, el equipo se colgaba del larguero cuando tiene mimbres de sobra para jugar al fútbol como se vió después del gol de Míchel en Cornellá.

Y después del último partido en Zorrilla, el resumen más laro que me quedó después del agridulce punto ante el Atlético de Madrid es precisamente lo que me pareció la noticia más positiva. Y es que volvió el Real Valladolid de Sergio González. El que nos ha traído a donde estamos. 

Ese equipo trabajado hasta el último detalle, que exprime hasta el final todos sus recursos, concentrado e igual de intenso que el rival. Pero anterior a todo esto y a los elogios al descanso leí muchas críticas al once de Sergio, algo que ya es prácticamente habitual. Y ojo, la crítica es siempre buena. Y a algunos nos gustaría quizá que se dieran oportunidades a otros futbolistas de la plantilla. Pero tenemos que aceptar que lo que ha hecho que el Real Valladolid a día de hoy no esté en la parte baja de Segunda División y si en la zona tranquila de Primera es precisamente la idea de Sergio González. Esa idea en la que prima el bloque por encima de las individualidades. En la que el vestuario se convierte en una familia y en la que quizá queremos que juegue Porro por delante de Moyano, pero el capitán se sigue sintiendo como pez en el agua aportando ese plus de experiencia y concentración. Al igual que un Salisu que a este paso va a empequeñecer el recuerdo de Calero o un Kiko Olivas que es absoluto oro para nuestro club

Y como digo, esa idea es en la que el Pucela se siente cómodo, en la que siempre da la sensación de ser un equipo trabajado y recibe los elogios de analistas por ello. Y eso tenemos que ponerlo en valor. Esa es la clave para la supervivencia de un club como el Real Valladolid. Y es la idea en la que nos guste más o menos trajo una permanencia cuando nadie contaba con ella. 

Este mismo grupo ha sido capaz de sumar en el Bernabéu y de hacer pequeño en Zorrilla al Atlético de Madrid del temido tridente y de Joao Félix. A día de hoy miramos la clasificación, nos vemos con 10 puntos en la zona tranquila y respiramos de alivio. Y eso hay que ponerlo en valor. El camino es muy largo y veremos el lugar en el que nos sitúa, pero la valentía también se mide en el trabajo de un entrenador. Y la valentía sobretodo se mide en partidos como el del pasado domingo, en los que un equipo que quiere crecer le mira a la cara a cualquiera. 

Sí que es cierto que la fortuna podría habernos sonreído con el penalti de Sandro y haber dado por fin ese zarpazo que siempre se nos escapa y te deja con esa sensación agridulce. Pero creo que el volver a ver un equipo sin complejos y fiel a su idea fue la mejor de las noticias. 

Y después de toda esta reflexión me gustaría agradecer a Zorrilla dos gestos. El primero, el que tuvo con Don Vicente Cantatore. Y el segundo con Sandro Ramírez, no para que no se hundiera tras fallar en el golpeo y enviar lo que era el 1-0 al Carrefour, sino por ser un jugador de esos que caen de pie en la idea de Sergio. Por ser de esos que se dejan el alma trabajando e intentando estirar al equipo hacia arriba mientras no se esconde, que la pide y siempre está dispuesto a aportar. Y tanto esa labor de Sandro (por el que pasan nuestras opciones de permanencia tranquila) como la de su estadio reconociendo su trabajo es más importante de lo que parece. 

Como debemos empezar a valorar como merece la idea del entrenador que encontró en nosotros “a la mujer de su vida”.  Ya que como se suele decir, lo que funciona no se debe tocar. 

Texto: Álvaro Escorial

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