Opinion | Masip demostró por qué es el número uno

Con apenas dos minutos para el final, Jordi Masip se vistió de héroe en San Mamés para salvar un punto tras una peligrosa pérdida de Kiko Olivas en el centro del campo. 

Se acabaron los debates en la portería del Nuevo Estadio José Zorrilla si es que los hubo alguna vez. Jordi Masip es el portero titular del Real Valladolid con todo merecimiento. El domingo salvó al equipo en el último suspiro de un disparo de Muniain que vino precedido de una pérdida de Kiko Olivas en el centro del campo en la que el vasco estuvo listo y fino para robar el balón y conducir la contra. La estirada a un disparo que absolutamente todo el mundo en San Mamés cantó como gol fue sencillamente extraordinaria y que convirtió La Catedral en San Masip dejando una de las paradas ya no de la jornada sino de la Liga. Y demostró por qué es el portero de Sergio González. 

Lo cual lleva a otra conclusión, y es lo infravalorado que está el guardameta catalán y lo discutido que ha estado durante este principio de temporada, sobre todo tras la llegada de Lunin. Pero esto tampoco implica que haya que hacer de menos al ucraniano. 

Sobre Lunin, guante de oro del mundial Sub-20 del pasado verano y nominado recientemente a los premios Golden Boy y al Trofeo Kopa hay que decir que posiblemente incluso tenga un potencial y un futuro superior al de Jordi ya que el motivo principal de este debate son las esperanzas que en Madrid tienen puestas en este portero de apenas 20 años. El principal problema es que tanto Valladolid como Real Madrid sabían en el momento de plantear la cesión que Masip era y es el portero emblema de Sergio, con el que el Pucela ascendió teniendo un papel destacado y con el que se salvó la categoría. (exceptuando aquel paréntesis para olvidar en el que jugó Yoel dejando aquella cantada todavía incomprensible en Mendizorroza). 

Al aceptar la cesión, se exponía al ucraniano a repetir su experiencia en Leganés donde ya estuvo por detrás de un veterano como Pichu Cuéllar, quien contaba con la confianza absoluta de Pellegrino. Durante su estancia como pepinero tan solo pudo jugar 7 partidos en Liga y 2 en Copa del Rey, competición a la que tendrá que esperar y en la que tendrá la ocasión de debutar como blanquivioleta como ya confirmó Sergio en rueda de prensa.

Y volviendo a Masip, es un portero que apenas resta y casi siempre suma. Hablamos de un portero sumamente inteligente bajo palos, con un buen juego de pies, habituado a aparecer con intervenciones salvadoras y con unos reflejos y una colocación habitualmente perfecta. 

Su único defecto (y en el que se suele enfatizar la crítica) reside en su altura (1,80, poco habitual para un portero y que contrasta totalmente con el 1,91 de Lunin) le hace sufrir demasiado en centros laterales y le provocan cierta inseguridad a la hora de medir en las salidas. Y pese a esto su rapidez y sus reflejos en distancias cortas le han permitido durante los últimos años ser salvador en infinidad de partidos y como ejemplo más cercano el del pasado domingo. 

Por eso creo injusto que siempre se le esté midiendo con lupa. Y más cuando ahora mismo pese a haber dejado errores en algún partido es el tercer Zamora de la Liga (tan sólo por detrás de Jan Oblak y Rubén Martínez, portero de Osasuna). 

En definitiva, creo que hablamos del mejor portero del Real Valladolid en la última década. Y la reflexión que creo acertada más allá de hacer de menos a Masip o Lunin para defender a uno u otro es destacar que el Real Valladolid cuenta con dos porteros que en otras épocas quizá se hubiesen soñado. 

Y que quizá fue un error pedir al Real Madrid la cesión de un joven en el que se tienen puestas tantas esperanzas y expectativas y que necesitaba jugar allá donde fuese. Quizá para el Real Valladolid hubiese sido más cómodo y acertado buscar otro tipo de rol. Pero ante el vicio de pedir, la virtud de no dar.

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