Jugador Real | “Pato Yáñez”: el extremo puro

Pato Yáñez, el eterno volante diestro que rememora un fútbol ya extinto, posa con la elástica blanquivioleta en una de sus innumerables incursiones por la banda en el José Zorrilla.

Patricio Nazario Yáñez Candia, más conocido como “Pato Yáñez” nació un 20 de enero de 1961 en Valparaíso (Chile). Esta ciudad donde sigue rigiendo el lema: “We are not hippies, we are happies”, denota el carácter alegre y de desparpajo que tanto la ciudad como el propio Yáñez mostraban al mundo cada vez que éste regateaba a rivales por la banda. 

Su andadura en el mundillo del fútbol, ya de manera profesional, comenzó en el San Luis de Quillota, que actualmente milita en la primera división B de Chile. No obstante, sus inicios a modo “amateur” fueron en el club Muskrath de Puerto Williams y en el Club Alto Florida de Quilpué. Para los menos entendidos, el primero de estos, era la institución deportiva de la capital de la Agrupación de Comunas del Cabo de Hornos y Antártica (en la cual no cuajó), el segundo club formaba parte del área metropolitana de Valparaíso. Para que quede más claro, cada área metropolitana se diversifica en comunas, la cuales eran Viña del Mar, Quilpué, Villa Alemana y Concón. Y ¿por qué explico todo esto?, porque en un mundo en el cual para llegar a lo más alto se necesitan contactos, fue aquí en este último donde Pato Yáñez consiguió que Carlos “Máquina” Hernández (preparador físico del San Luis), que solía veranear por esa zona se fijara en él.

Esto le posibilitó, debutar con tan solo 16 años en el San Luis de Quillota. Por un lado, tenemos que destacar la figura del entrenador, Don Eduardo “Punto” Silva, una figura que atravesó la línea de lo profesional, quedando en la mente de Yáñez más como una figura paternal. Y por otro lado, que en esa magnífica escuadra coincidiesen entre otros, jugadores como Víctor Cabrera, Jorge Muñoz o Freddy Bahamondes. 

Durante 5 largos años, Yáñez se hizo un nombre y eso le posibilitó entre otras cosas, debutar con la Absoluta Chilena el 13 de Junio de 1979, frente a Ecuador, ser internacional durante 44 partidos, conviertiendo 5 goles con la elástica roja y disputar la Copa América en 1979 (siendo finalista); la de 1983 y la de 1991. Además, las eliminatorias para los Mundiales de España en 1982 (que se clasificó), México en el 86 (eliminado) e Italia en el 90 (Descalificado)

Tras la finalización del Mundial del 82, el Real Valladolid adquirió los derechos de traspaso de Yáñez para las próximas 4 temporadas, en las cuales demostró ser uno de los mejores extremos-volantes que hayan pasado por la competición de la liga del fútbol español. De hecho tanto fue el cántaro a la fuente, que con este extraordinario jugador se consiguió el que es hasta ahora el único trofeo oficial de nuestro club, la Copa de la Liga de España en 1984, venciendo en la final al Atlético de Madrid. 

Resultó extraño haber empatado a cero en el antiguo y ya destruído Vicente Calderón, pero lo fue aún más, lograr la machada en el período de prórroga en el José Zorrilla con un resultado final de tres goles a cero.

Es curioso que este tipo de jugador, en la actualidad, cada vez esté más infravalorado y se deseche cada vez más. Cualquiera que eche la vista atrás, y haga una simple comparación de los jugadores de antes a los jugadores de hoy, sabe que la esencia del fútbol está moribunda. La esencia de este deporte, era dar espectáculo, era mostrar la mayor de las filigranas de unos deportistas de élite, que eran capaces de llevar al éxtasis a millones de personas en un solo instante, el gol. Es ese gol, es esa manera de trenzar jugadas las que te hacían vibrar…lamentablemente ahora, las organizaciones, los directivos, los magnates de este deporte; que lo han corrompido hasta el tuétano, han apostado por un fútbol físico, tosco, soez, feo e injusto, carente de competitividad alguna.

Esa competitividad que daba lugar a una simple idea, la de la competencia perfecta, una competencia que permitía que clubes humildes como el Real Valladolid pudieran competir a nivel de fichajes contra un todopoderoso Real Madrid, o que le permitiera pintar la cara a cualquier rival, en cualquier campo, imposibilitando para el espectador saber qué equipo era el local y cuál era el visitante.

Resulta aún más sorprendente que en esta étapa del fútbol, mucho más físico, donde cada día miles de niños en categorías inferiores son rechazados por no cumplir con unos mínimos de estatura y envergadura, haya sido un chico de apenas 1 metro y 69 cm quien haya sido catalogado como el mejor jugador de todos los tiempos. O que el único que haya podido competir al mismo nivel con este, sea un chaval que en su día estuvo en duda por ser un “larguirucho”, y que finalmente se convertiría en el jugador con mayor nivel goleador de todos los tiempos. La verdad que resulta más que sorprendente, paradójico. 

No tengo la menor duda, de que si nuestro queridísimo Pato Yáñez, hubiera nacido en esta época, habría sido descartado por algún tipo de “Illuminatti” de la sapienza futbolística. 

Esos eternos bajitos, esos Iniesta, esos Xavi, esos Pedrito, esos Messi, esos Toni Villa, esos Pato Yáñez; esos, y no los que diga un pedante engreído obsesionado por la estatura y la envergadura, esos fueron, son y serán el pasado, presente y futuro de este deporte.

 

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