Jugador Real | Fernando Hernández: El Niño de Valladolid

Lo que hoy os vamos a escribir en estas líneas no es un artículo al uso, lo que hoy queremos es contar un cuento a los lectores; un cuento que, probablemente, tenga algo de leyenda. Esta es la historia de un niño; un niño que nació en Valladolid un 24 de Febrero de 1973…

Un niño que quizá no nació con un pan debajo del brazo como se suele decir, o quizá sí (depende de cómo lo interprete cada uno), pero con lo que si nació seguro fue con una pelota de balonmano entre sus dedos. Fernando, como así lo llamaron sus padres, dio sus primeros pasos en este mundillo de la pelota-mano a la orilla del Pisuerga, en el colegio de La Salle, otrora famoso en la ciudad por su gran cantera en este deporte. Pronto destacó por su forma de entender el juego pese a su juventud y por su condición de zurdo, tan codiciada en el balonmano. Este hecho le llevó a ingresar con tan sólo 20 años en el Arcos Valladolid, club de reciente fundación que tomó el relevo del extinto “Michelín”. De la mano del ex seleccionador nacional Manolo Cadenas, Fernando, debutó en la Liga Asobal en uno de los equipos más jóvenes de la categoría, donde compartió vestuario con otras jóvenes promesas como Mariano Ortega o José Ángel Delgado Ávila.

En Febrero de 1995, Fernando vivió uno de los peores momentos de su vida deportiva cuando, junto a varios de sus compañeros, se mantuvo encerrado durante 16 días en los vestuarios del Polideportivo de Huerta del Rey como protesta por la falta de pagos y por la situación económica que vivía el club entonces presidido por José Antonio de Paz. Aquel encierro desembocó en la respuesta de su ciudad para salvar el club recibiendo ayudas de diversas entidades.

Tras este mal trago, al niño Fernando, lo comenzó a entrenar un tal Juan Carlos Pastor que recogió el testigo de Cadenas en Valladolid. De la mano de Pastor, Fernando comenzó a destacar notablemente en la plantilla más joven de la Liga y con el presupuesto más bajo de la misma. Nada menos que 183 goles salieron de esa zurda mágica que le valieron la merecida llamada a la selección nacional de Juan de Dios Román y su primer gran contrato profesional con el Ademar León, uno de los grandes en ese momento. Fernando fue uno de los primeros en salir de casa rumbo a la ciudad vecina, con lo que aquello suponía dada la rivalidad que históricamente tenían ambas ciudades especialmente con el balonmano de por medio. Sin embargo, Fernando pronto entró en los corazones de la afición leonesa  con la que compartió 4 años en los que logró sus primeros títulos: una Recopa de Europa y una Copa Asobal. No fue el único viaje de Fernando en aquellos años, ya que Juan de Dios Román le invitó a cruzar el charco para recoger un metal en forma de bronce en los JJ.OO de Atlanta 96, amén de una plata en el Europeo disputado en España.

El juego de Fernando crecía como la espuma y ya era considerado como uno de los mejores extremos zurdos del continente lo que le llevó a emprender, con el inicio del nuevo siglo, una nueva aventura en el gran Barça de Valero Rivera, el club más grande del balonmano mundial en aquel momento y que acababa de lograr su quinta Copa de Europa consecutiva. En el llamado “Dream Team” compartió vestuario con los Masip, O´Callaghan, Urdangarín, Xepkin, Guijosa o Barrufet entre otros. En el Barça Fernando siguió sumando goles, siendo una pieza fundamental para conseguir la friolera de 12 títulos entre ellos una Copa de Europa y dos ligas en 7 temporadas; el niño se hizo definitivamente mayor en la Ciudad Condal alcanzando su madurez deportiva.

Durante su estancia en Barcelona, un viejo conocido como Juan Carlos Pastor volvió a llamar a su puerta para que en el año 2005 le acompañara a un viaje por el norte de África con la misión de intentar llevar a la selección a lo más alto en un mundial. Pastor acababa de ser nombrado seleccionador en una decisión cargada de polémica y críticas que aumentaron tras rodearse para el mundial de multitud de jugadores a los que había formado en el Balonmano Valladolid, como Fernando. En Túnez, Fernando fue partícipe de, probablemente, el mayor hito del balonmano español logrando contra todo pronóstico la medalla de oro arrollando a todos sus rivales.

Siendo ya todo un veterano, Fernando dejó el F.C. Barcelona para aceptar una oferta de otro de los grandes del balonmano español en ese momento, el Portland San Antonio de Pamplona. Su etapa en Navarra coincidió con la eclosión del Ciudad Real y no levantó ningún título pero siguió dejando muestras de su enorme calidad por las pistas españolas y engrosando su cuenta goleadora. Fue allí donde empezó a vislumbrar el principio de la decadencia del balonmano español y, tres temporadas después dejó el balonmano “profesional”, pero su amor por este deporte le hizo recalar en el Badajoz de División de Honor Plata para seguir disfrutando con el, buscando seguramente terminar su carrera deportiva en un entorno más tranquilo.

Toda esta perspectiva cambió en el verano de 2012, cuando volvió a recibir la llamada de Juan Carlos Pastor con un objetivo bien distinto al de 7 años antes; la posibilidad de regresar a casa para vivir sus últimos años como deportista en el club de la ciudad que le vio nacer. Fernando, a punto de cumplir 40 años no lo pensó dos veces y regresó. El club que dejó 16 años atrás estaba empezando a dar que hablar y se convirtió, en los años en los que Fernando estuvo, fuera en uno de los grandes logrando varios títulos y quedándose a las puertas de una final de Champions. Sin embargo, a su regreso el entonces Cuatro Rayas Valladolid se encontraba sumido en una profunda crisis económica y había sufrido una gran reducción de presupuesto que obligaba a olvidarse de los fichajes rutilantes y a confiar en la cantera y la gente de casa. El niño de Valladolid había vuelto a casa hecho un hombre, como uno de los grandes del balonmano nacional y firmando un contrato de apenas 5.000€ anuales, que le obligaba a compaginar el deporte de sus amores en el equipo de sus amores, con su jornada laboral en la empresa familiar.

Pese a todo, siguió disfrutando de las pistas y haciéndonos disfrutar. Se convirtió de nuevo en una pieza fundamental del equipo y del club, además del jugador preferido por todos los aficionados debido a su gran calidad pero, sobre todo, a su entrega en cada partido, lanzándose a por cada balón como si en ello le fuera la vida y demostrando a los jóvenes lo que le había llevado a ser quien fue; el trabajo. Aquella temporada se salvó la categoría agónicamente pero lo temporada siguiente Pastor dejó el club y sus cimientos terminaron por derrumbarse. Fernando pasó a ser entrenado por un chico de la casa unos 15 años más joven que él, pero siguió siendo el mejor de su equipo, el que más corría y el que más hacía disfrutar a la afición. La amenaza de desaparición que Fernando y sus compañeros disiparon casi 20 años antes volvía a estar presente y se confirmó con el descenso de categoría y la posterior liquidación del club; de nuevo la retirada planeaba sobre el futuro de aquel niño grande.

El loco verano de 2014 hizo que un grupo de personas hiciera revivir de sus cenizas al balonmano de la ciudad con la creación de un nuevo club y su inscripción en Plata. Una gran parte de la plantilla que había descendido se sumó al nuevo proyecto y Fernando de nuevo se postuló para liderarlo deportiva y sentimentalmente. En apenas dos años el balonmano de Valladolid y Fernando Hernández volvieron a la élite. El niño de Valladolid se convertía de nuevo en el máximo goleador de la historia del nuevo club y seguía batiendo récords de partidos disputados y goles anotados en la estadística histórica de Asobal situándose como uno de los mitos del balonmano nacional a la vez que asentaba al Atlético Valladolid en la categoría recuperando los valores olvidados por culpa de glorias pasadas.

En abril del pasado año sufrió una grave lesión en un hombro que ya le venía dando problemas anteriormente y que, desgraciadamente, ha culminado con su retirada al no poder recuperarse (no sin intentarlo de todas las maneras humanamente posibles) con garantías de seguir ayudando a su equipo. Con 46 febreros y 27 temporadas dedicadas al balonmano, siendo el tercer máximo goleador en la historia de la Asobal con 1.878 dianas, el niño de Valladolid decidió poner fin a una carrera plagada de éxitos y logros, pero también de algunos malos tragos y decepciones. Un final que desde luego no merece el gran jugador y deportista que ha sido (en mi humilde opinión el mejor que ha dado esta ciudad), pero sobre todo no lo merece por su forma de ser. Sencillo, amable, cercano, sacrificado, humilde y gran persona, ejemplo para todos en todas las facetas de la vida.

Este cuento que me ha quedado un poquito largo (o corto, según se mire), lo empecé a escribir hace ya algún tiempo y hoy, con mucha pena lo termino, espero que les haya gustado. Siempre que se retira uno de los mejores, parece que algo de lo que has vivido con más pasión se acaba, que te quitan un trocito de alma. Gracias por todo, Fernando las pistas no olvidarán tus cabalgadas, tus roscas, tus 7 metros, tus avanzados, tus goles por la escuadra, pero sobre todo tu entrega y lucha en cada partido; ahora toca que transmitas esos valores a los demás desde los banquillos o, mejor dicho, que lo sigas haciendo. Estoy seguro que algún día serás grande también ahí.

Colorín colorado… este cuento no ha terminado.

Texto: Víctor Fernández

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