Balonmano | El día que conquistamos Europa

Los colores amarillo y morado de la afición pucelana copando las gradas del clásico pabellón habitualmente destinado al equipo de baloncesto de la ciudad. Sin embargo, es la tarde del balonmano, la gran cita con la historia del Club Balonmano Valladolid (por aquel entonces Pevafersa Valladolid); es el encuentro de vuelta de la Gran Final de la Recopa de Europa y la penúltima oportunidad para las huestes de Juan Carlos Pastor de conquistar, al fin, un título con denominación de origen europea.

La ocasión es inmejorable por muchos motivos. Pisuerga es una olla a presión deseando estallar, los jugadores llevan una semana preparando el encuentro y concentrados exclusivamente en él, el resultado del partido de ida (una derrota por la mínima en Alemania) invita al optimismo y, el rival, el Nordhom germano siendo un muy buen equipo, está lejos de ser uno de los grandes del viejo continente. Pero antes de continuar echemos un vistazo a los antecedentes que nos han traído hasta aquí.

Una historia de lágrimas, desencantos e impotencia

El Balonmano Valladolid, con su ciudad detrás, llegaba a aquel día con la rabia contenida y el deseo de olvidar las ocasiones perdidas en el pasado, porque la historia de este equipo en las competiciones europeas, hasta este momento, había ido encadenando una decepción tras otra.

Sin ir más lejos, la anterior temporada, la 2007-2008 había caído derrotado en semifinales de la Recopa de Europa ante el poderoso Rehin-Neckar Löwen alemán después de haber logrado un valioso empate en la ida en Mannheim. Un arbitraje escandalosamente desfavorable en la vuelta y el poderío de los germanos impidieron a los vallisoletanos culminar su clasificación para la final.

En la 2006-2007 tuvo lugar la más cruel de las derrotas de la historia del desaparecido Balonmano Valladolid cuando, en su debut en la Champions League, lograba llegar hasta semifinales y se quedaba a un paso de colarse en la final con aquel penalti con el reloj a cero de tan infausto recuerdo ante el también alemán Flensburg.

La historia de las lágrimas había comenzado diez años antes de la fecha en la que nos encontramos en nuestro relato inicial. Aunque entonces la decepción estaba mezclada con la sensación de orgullo de ver a tu equipo codeándose con los mejores. Corría el año 99, cuando el Balonmano Valladolid disputaba su primera final europea. Fue en la Copa EHF y su rival, nuevamente un conjunto alemán: el Magdeburgo de Steffan Kresztchmar y Olafur Steffanson. Aquel equipo logró una meritoria victoria en Huerta del Rey en la ida, pero cayó con contundencia y con la cabeza alta en Alemania.

Un año más tarde el Balonmano Valladolid probaba en la cuarta competición en importancia por aquel entonces; la Copa City. No resultó sencillo pese a lo que podía esperar, pero los pucelanos volvieron a clasificarse para una final continental y, por segunda vez consecutiva, un equipo alemán se cruzaba en su camino. En esta ocasión fue el Grosswalstad de Jackson Richardson el que superó a los vallisoletanos y volvió a dejarnos con la miel en los labios.

En la competición que nos encontramos, la ya desaparecida Recopa de Europa, el Balonmano Valladolid había participado ya en cinco ocasiones llegando a la final en dos ocasiones. En la primera de ellas, en el año 2004, el Portland San Antonio de Pamplona, que entonces se presentaba como uno de los grandes de Europa liderado también por Richardson, se imponía a los de Pastor ganando ambos partidos. Mientras que en 2006, tras una competición prácticamente impecable (solo perdió un partido en Granollers en cuartos de final), un viejo conocido de la afición pucelana, el Chejkhovski Medvedi ruso fue el rival por el título. Los de Pastor jugaron la ida en casa y, el resultado de 7 goles de diferencia, los ponía en la mejor situación posible para lograr al fin alzarse con el entorchado continental. Tampoco pudo ser y, en un partido que se convirtió en una auténtica batalla campal, los rusos se impusieron por 8 goles y sumieron en la depresión a los aficionados y al club. Más tarde, aquella final pasó a la historia porque se demostró que el sospechoso arbitraje del encuentro de vuelta fue provocado por unas bolsas llenas de billetes que los colegiados recibieron como presente al llegar a Moscú; árbitros que, por cierto, eran… alemanes.

Volviendo al “presente”

Todos estos sinsabores están presentes aquel 30 de mayo en Pisuerga cuando una hora antes del inicio del encuentro, la afición pucelana ya se estaba dejando las gargantas en sus gradas. Durante el calentamiento de los equipos, el calor de la grada y la tórrida temperatura de la calle hacen que el ambiente sea realmente infernal en todos los sentidos de la palabra. Las bufandas al viento y los clásicos cánticos de Huerta del Rey retumban en la “especial” acústica del vetusto templo pucelano y hacen inaudible la megafonía cuando los jugadores locales son presentados. Antes, ha sido imposible escuchar los nombres de los “sajones” por la clamorosa pitada en la que se ha visto envuelta. La explosión de nervios alcanza su culmen cuando los letones Stolarovs y Licis dan por comenzado el partido con el sonido de su silbato.

El equipo pucelano sale en tromba, dispuesto a arrollar y terminar con su rival por la vía rápida. La ansiedad no hace mella en el equipo local y los alemanes no son capaces de frenar el aluvión de juego, esta tarde, naranja. Sierra está inmenso en la portería, Ávila, Hugo, Krivokapic y Asier han colocado un muro infranqueable en los 6 metros que los cañoneros del Nordhorn no pueden superar. El ataque vallisoletano ejecuta sus sistemas a la perfección y los peones amarillos bailan al son de la música compuesta por Pastor y tocada por Entrerríos y Perales; el indolente y criticado esloveno Bilbija, está teniendo su mejor tarde con la zamarra vallisoletana. Para regocijo de la parroquia pucelana todo sale a pedir de boca y la mejor plantilla de balonmano de  la historia de la ciudad está cada vez más cerca de lograr el objetivo con el que todos hemos soñado. El marcador refleja camino a los vestuarios un claro 15-10 para el Balonmano Valladolid.

Una de las mejores plantillas de la historia

Tras varias decepciones europeas y estando siempre un peldaño por debajo de equipos como Barcelona, Ciudad Real o Portland en la liga, y habiendo conseguido dos grandiosas victorias en la Copa del Rey, Pastor había decidido que en la temporada 2008-2009 iba a llegar el ansiado cetro europeo. El traspaso de Alen Muratovic al Flensburg había servido para poder mantener en la plantilla a jugadores como Raúl Entrerríos, Sierra o Perales con jugosas ofertas para dejar el club. Además de “Mura”, uno de los últimos exponentes de la prolífica cantera vallisoletana, Miguel Ángel Velasco también había abandonado el equipo. Del mismo modo, acabó su etapa en Valladolid el zurdo Salva Puig.

Pastor apostó por la defensa sustituyendo a Muratovic por un jugador experimentado como Marko Krivokapic. No tenía la magia ni la calidad de Alen pero dotó al equipo de una gran solvencia defensiva. La guinda la puso el fichaje del noruego Havard Tdvedten, que había dado muestras de su gran calidad en Logroño.

Un equipo que, como todos los de Pastor, era un ejemplo de coordinación defensiva huyendo de las clásicas defensas donde el contacto, el choque y la agresividad estaban a la orden del día. La inteligencia defensiva y la anticipación eran las señas de identidad que marcaban jugadores como Ávila, Asier Antonio o Víctor Hugo López y que rápido comprendió Krivokapic. La portería estaba bien guardada por uno de los mejores metas nacionales de aquella época: José Manuel Sierra; mientras que el ataque estaba liderado por la inteligencia, precisión y disciplina de Raúl Entrerríos, bien combinada con el desparpajo de Óscar Perales. En la segunda línea la envergadura de Carlos Prieto y la movilidad de Edu Fernández conformaban una de las mejores parejas de pivotes que ha tenido Valladolid y, en las alas Chuchi y Rentero, con su saber estar, daban continuidad a la magia de Zile y Tdvedten; dos extremos tan geniales como imprevisibles.

Aquella plantilla que estaba a punto de lograr el mayor éxito de la historia del balonmano vallisoletano, también iba a conseguir la proeza de terminar la liga en tercera posición por detrás de los inalcanzables Barça y Ciudad Real.

En la competición europea el equipo se mostró más sólido y decidido que nunca aplastando a todos sus rivales. Solo un pequeño traspiés en Zürich en la ida de las semifinales que fue solventado sin problemas en la vuelta disputada en Valladolid. Zivinice, Steaua Bucarest y Constanta habían sucumbido sin paliativos ante las huestes vallisoletanas. El sorteo para la final deparó que el primer partido se disputaría en tierras germanas, en la ciudad de Nordhorn a escasos kilómetros de la frontera con los Países Bajos. Tras una mala primera mitad, el equipo pucelano se recuperó en la segunda hasta el punto de tener la victoria en sus manos. Los alemanes y, de nuevo los jueces castigando con exclusión casi cada defensa de los de Pastor, dieron la vuelta a la tortilla en los últimos compases del choque. Sin embargo, tanto la diferencia de un solo tanto, como los 30 goles anotados por los pucelanos en el Euregium Nordhorn, dejaban el camino muy despejado para la vuelta.

El desenlace

Estamos en el descanso. El calor sigue siendo agobiante en la calle, pero dentro del pabellón Pisuerga es algo fuera de lo normal, apenas se puede respirar. El público busca algo de aire en el exterior y los bares de las instalaciones, desbordados, se han quedado sin botellas de agua para saciar la sed y la sequedad de las gargantas de la ciudad.

Los protagonistas vuelven a saltar al ruedo con la mitad del trabajo hecho y muy bien hecho. Ante el delirio de la afición, el Balonmano Valladolid comienza con la misma concentración con la que termina la primera mitad y se sitúa con 6 goles de ventaja. Los alemanes son conscientes de que la derrota por la mínima no les va a servir porque difícilmente llegarán a los 30 goles que lograron los pucelanos en su feudo; solo vale la victoria o el empate. Han aprendido la lección y su defensa aumenta la agresividad y comienza a impedir que los ataques vallisoletanos sean continuos y fluidos. La distancia se recorta pero el colchón sigue siendo de 4 goles, nada que temer.

Sin embargo el sofocante calor del pabellón va trayendo nubarrones de tormenta y el cielo se va oscureciendo dentro de Pisuerga. El equipo de Pastor no encuentra la alegría de la primera parte y el rival lleva el partido a su terreno. El balonmano desaparece, el encuentro se vuelve tosco y feo, la defensa pucelana sigue funcionando, pero el ataque está lleno de imprecisiones y el miedo a perder encoge los brazos de los jugadores de naranja que, para colmo, se chocan una y otra vez con el muro que ha colocado en su portería el veterano sueco Peter Gentzel. El griterío de la grada se va transformando poco a poco en un silencio que culmina con un lamento de dolor cuando Szucs anota el gol que pone por delante a los alemanes; hemos pasado del 16-10 al 17-18 tras casi 10 minutos sin anotar y el resultado llevaría la copa a Alemania.

Pastor para el juego (quizá debería haberlo hecho antes), tranquiliza a sus jugadores, con 15 minutos solo por delante, la eliminatoria está un solo un poco peor que al principio e insiste en su máxima del partido a partido, centrarse en el ataque a ataque y defensa a defensa; sin mirar al marcador; se termina el momento del balonmano y llega el de la casta, el coraje y el orgullo; valores que, por otro lado, son los que nos han llevado hasta aquí.

Los alemanes continúan con su juego duro evitando las transiciones rápidas y la circulación de balón, se mantienen por delante, cada ataque se convierte en una pequeña batalla campal y los locales son incapaces de superar a un enorme Gentzel, hasta que llega el punto de inflexión. La afición ya hace rato que ha superado la crisis y el pabellón entero en pie canta, aplaude y silba; el sueco Karlsson, baluarte defensivo del Norhorn es excluido por tercera vez y descalificado del partido y el Balonmano Valladolid cuenta con un lanzamiento desde los 7 metros para recuperar la ventaja en el marcador. Havard anota a falta de 6 minutos en un lanzamiento que se eterniza por las protestas y el tiempo muerto alemán (20-19). Para aumentar la tensión, el encuentro se detiene por un fallo en el cronómetro que indica menos tiempo del que en realidad le queda al partido, la gente, como loca, no para de animar aprovechando el parón.

Tevdten anota un nuevo gol y coloca los 2 de ventaja, mientras la defensa pucelana se ha convertido en un muro infranqueable, pero la exclusión de Víctor Hugo López trae un nuevo contratiempo y el equipo germano, experto en aprovechar estas situaciones iguala de nuevo el choque en dos rápidas jugadas, por medio del pivote Stojkovic que logra su octavo gol del partido. En la siguiente jugada, el serbio es excluido y los dos equipos están con 6 jugadores en pista dando paso a un gol rápido de cada uno. Los pucelanos recuperan al jugador expulsado pero los colegiados se encargan inmediatamente de devolver la igualdad numérica señalando dos minutos muy rigurosos a la estrella local, Raúl Entrerríos que se retira desquiciado al banquillo y compartiendo su desesperación con las 6.000 personas que en Pisuerga no dan crédito a lo que acaban de ver.

Sin embargo, la baja del asturiano hace que su equipo dé lo último que le queda en la reserva de energía. Krivokapic, inédito en ataque hasta este momento, anota el 23-22 con pocos segundos por delante. Después todo sucede a la velocidad de la luz. Ataqué rápido de los alemanes, paradón de Sierra y balón a Perales que se lanza como un poseso a la contra buscando desesperadamente la portería rival. El cántabro, todo pundonor, lanza medio cayéndose desde casi 9 metros en una manera poco recomendable de acabar un contragolpe fruto de la ansiedad, se lesiona su tobillo, pero anota logrando el 24-22 mientras se retira  al banquillo pidiendo el cambio. Sierra detiene de nuevo el ataque alemán pero los colegiados señalan 7 metros y excluyen a un nuevo jugador local. Weinhold anota la pena máxima mientras Perales se retuerce de dolor en la banda. Quedan solo unos segundos y los alemanes necesitan un gol pero el balón es del Valladolid que juega con 4 jugadores de pista, sin Perales y sin Raúl. Los letones avisan el pasivo mientras Krivokapic y Hugo tratan de que pasen los escasos segundos que quedan. Entrerríos entra en pista como una locomotora para lanzar  pero Gentzel detiene dando a su equipo una penúltima opción lanzando una contra fulgurante. Verjans se lanza a por Sierra pero Krivokapic y Edu se cruzan en su camino frenando el avance alemán pero provocando un último ataque en estático.

Tiempo muerto para preparar el ataque y la defensa, no quedan uñas en Pisuerga, la tensión es indescriptible, los corazones a punto de salir por las bocas de unos aficionados al borde del colapso. Los alemanes salen a la pista con 7 jugadores de campo mientras solo 5 camisetas naranjas defenderán la renta de un gol que da el título a Valladolid. El ruido es ensordecedor, todo el pabellón silbando al unísono, juegan los alemanes, tras un par de pases el balón se pierde hacia la nada pero es golpe franco, los germanos lanzan y Sierra detiene el lanzamiento y el delirio llega a la afición y jugadores locales que saltan de alegría celebrando el tan ansiado triunfo… pero… un momento… ¿Qué ocurre?. Los colegiados letones han decretado que el último lanzamiento no ha sido correcto y debe repetirse para desesperación de la parroquia local que ve como la orilla se ha vuelto a alejar en la última brazada. Los locales rodean a los árbitros incrédulos y enfadados, fuera de sí mientras los miembros de seguridad desalojan una pista que comenzaba a llenarse de aficionados y fotógrafos. Las protestas dejan un nuevo excluido en las filas vallisoletanas y Przybecki dispone de un lanzamiento a tiempo cumplido, más allá de los 9 metros y con una barrera compuesta solo por 4 hombres (Rentero, Entrerríos, Krivokapic y Hugo). La experiencia dice que estos lanzamientos no entran en el 90% de las ocasiones, prácticamente es imposible que el balón supere a la barrera y a Sierra pero entre los aficionados se instaura la sensación de haber visto esta película antes; ¡no puede ser!, ¡otra vez no! (se escucha en las gradas). Y está vez NO, en la moneda no salió cruz. El árbitro hace sonar su silbato, Przybecki arma el lanzamiento, la barrera se le echa encima y el balón impacta en los más de 6.000 pares de brazos que deseaban detenerlo. Ahora sí, llegan las carreras, los saltos, los abrazos. La tensión se transforma en gritos de alegría, en llantos desconsolados, en besos con el de al lado; pero también en algún conato de pelea entre jugadores locales y visitantes con mal perder. Los aficionados invadimos la pista para celebrarlo unos con otros y con nuestros gladiadores, porque no solo es el triunfo de un equipo; es el triunfo de una ciudad entera que, al fin, tras muchas decepciones, consigue escribir su nombre en las vitrinas del balonmano europeo.

Un triunfo sin par

Soy un gran aficionado al deporte y, por fortuna entre algunas decepciones, he podido disfrutar de grandes victorias de los equipos de mi ciudad y de mi país. Sin embargo estoy casi completamente seguro de que jamás viviré algo como lo de aquel día y los que vinieron después con las celebraciones en la ciudad. Echando la vista atrás y viendo la situación actual, no se puede sentir otra cosa que morriña y pena, pero la alegría de ese 30 de mayo de 2009 nadie nos la podrá quitar. Aquel equipo y aquellos momentos nunca se borrarán de nuestra cabeza. Espero que los lectores hayan disfrutado con este recuerdo tanto como un servidor al rememorarlo

News Reporter

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *